Los Caminos de Karla
LOS CAMINOS DE KARLA
Cómo hablar de una misma sin que esto sea terriblemente aburrido, o todavía peor, un ejercicio que se parezca al que hacen las revistas Vanidades, donde los elogios propios son los que se resaltan, y donde terminamos declarando nuestros colores y pasatiempos favoritos.
Creo que la mejor manera de hablar de una es referirnos al contexto que nos tocó y toca vivir.
La década en que descubrimos nuestras inquietudes fue una en la que era más fácil definirnos política e ideológicamente. Eras de izquierda, o eras de derecha. Si eras estudiante universitario, por ejemplo, simpatizabas con el FRU - FUR o eras de la FUUD. Y esa definición marcaba tu círculo, tus amigos, la música que escuchabas, las libertades que te permitías o negabas.
Yo tuve poco de eso en Honduras, pero lo recuerdo como algo muy intenso, y algo que me pasó muy temprano, solo tenía 16 años cuando entré a la Universidad. Era fácil caminar frente al Edificio 1 y escuchar desde los altoparlantes “que vivan los estudiantes, jardín de nuestra alegría, son aves que no se asustan de animal ni policía”. Así también los novios tenían horas propias de visita, no por la presión de los padres, sino por otra todavía más convincente para ellos “el reclutamiento forzoso”. Y entre el temor a ser desaparecido, la efervescencia de burlar lo negado, la alegría de pensar que podíamos cambiar el mundo, pasamos esa etapa de la adolescencia teniendo pertenencia de un lado definido, que a diferencia de ahora, antes tenía un color, una bandera, una consigna, !su tiempo!
De Centroamérica, a Honduras le tocó la parte más triste. La facilidad que tuvieron las tropas norteamericanas de instalarse, porque nuestros gobiernos así lo permitieron, nos dejó siendo su patio. Acá se entrenaban los ejércitos de toda la región, acá se concentraba la inteligencia norteamericana y crecían sus tentáculos a todas sus anchas. Acá también muchas personas no encontramos asidero en las injusticias propias y nos repartimos en esta misma región. Así nos tocó acompañar y encontrar sentido a nuestros sueños en héroes silenciosos, correos de vida y trasiegos de todo lo que a los vecinos les permitía tener lo suyo, pero nunca lo nuestro.
En Nicaragua el Frente Sandinista alcanzó el poder y se cometieron incontables errores en esa única oportunidad de tenerlo. Algunos valoraron que no se estaba preparado, otros llegaron a la triste conclusión de que el poder ensucia, no importa si la bandera que alzaste para alcanzarlo fue loable y justa.

En Guatemala, para ese entonces la guerra llevaba al menos diez años, ahí todo era más complicado. La guerra de liberación pasaba por otra todavía mucho más cruda, la de las étnias históricamente marginadas y abandonadas, en contra de una sola clase privilegiada y “ladina” que habla español y no incluye los intereses de estas grandes mayorías multicolores, multilingues, multiétnicas y multiexcluídas.
El Salvador, esa “patria chiquita mía”, alzada también desde los 70´s, con un enorme movimiento de Iglesia, que desde sus bases y animadas por un gran héroe, Monseñor Romero, fueron reculadas de la ciudad al monte para construir desde ahí un movimiento campesino dirigido por estudiantes desplazados. Guerra de campesinos con cabeza de citadinos, guerra de guerrillas que emulaba la tenacidad de quien solo urge sobrevivir, en ese momento a las balas.

Así fuimos cantando y creciendo, entre el desengaño, el dolor, el sueño, con esa terrible necesidad de agarrarnos de algo, de pertenecer a un grupo, defender una idea, porque la crudeza de esa época te lo exigía, y porque en esos días la juventud encontraba un cauce, y por ahí desbordaba sus energías. No son más justos estos tiempos, pero entonces se decía “las condiciones objetivas están dadas”. Que ironía!, cómo fuimos perdiendo la subjetividad dentro de tanta verdad “objetiva”. ¿Fueron las dirigencias las que traicionaron los sueños de tantos? ¿Fuimos tan dogmáticos que no nos detuvimos a pensar el camino, la ruta, las formas? Todavía no termino de entenderlo, no con teorías, sino con el corazón, con la valoración por lo apostado. ¿Cómo saberlo?
Así nos tomó por sorpresa el nuevo contexto centroamericano, Violeta Chamorro de ama de casa a Presidenta de la República nicaragüense. En El Salvador con una paz negociada que traía de regreso a sus lisiados de guerra, que repatriaba desde Colomoncagua y Camasca a miles de familias, tan pobres como cuando se fueron huyendo de las balas de un ejército, sin casi nada que pudiera justificar su partida ni su retorno y sus miles de sacrificios en ese exilio, y todo ese mal sabor en la boca de todas y todos, toda esa incertidumbre de un proceso que otra vez tenía un nombre técnico, propio de una jerga social florecida; “el proceso de reincersión”. Cómo llevarlo a la práctica era el reto, pero con una gran diferencia, el reto dejaba de ser colectivo, se regresaba a casa y predominaba el lema “sálvese quien pueda”.

Claro que no eran muchos los que podían, por eso los pobres de antes de la guerra, siguen siendo los miserables de la posguerra, y los ricos de antes de la guerra, son los nuevos millonarios, los nuevos empresarios, la nueva dirigencia política de mil procedencias y colores “democráticos”. Después de mucha sangre derramada, llegamos, por la paz en el mundo, a la sana conclusión de que lo urgente es fortalecer los procesos electorales democráticos, fortalecer la sociedad civil, fortalecer el poder local, fortalecer las policías civiles, fortalecer las alianzas regionales… sólo que no tomaron en cuenta lo debilitada que estaba la esperanza de quienes anduvimos con honestidad ese camino.
Mi canto ahora pues, de manera consciente o inconsciente, responde a toda esa historia. Somos hijas e hijos de los sueños, así como de las frustraciones. Somos hijas e hijos de la esperanza y también del desencanto. Nuestras melodías tienen tanta vigencia como antes, sólo navegamos en esas verdades que heredamos. Seguimos buscando nuestra forma de decirlo, pero como la condición “objetiva” es la misma, pensamos que nos toca reinventar “la subjetividad” y para eso nada mejor que la poesía y el canto.

Hoy gozo cuanto puedo de este privilegio, el de cantar y escribir. Y desde esta que sigue siendo mi más fiel y verdadera trinchera quiero decirles que este mundo multiplicado, verde, violento, hermoso, sonoro y aún con esperanza, sólo busca que sea dividido y repartido con más justicia, de manera más humana!!
Karla Lara -2009
La música en Karla
LA MÚSICA EN KARLA...
En mi casa se cantaba siempre, en el carro, en las fiestas, en las reuniones familiares, crecí entre canciones y poemas. Cuando tenía 16 años y entré a la Universidad formé parte del Coro de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras y canté con “Rascaniguas”. Con la suerte de formar parte de ese grupo que marcó la diferencia en el país en el sentido de apostarle a lo inédito, y a la música con fuerte contenido social y humano de cosecha propia.
Por razones familiares, sentimentales, de la vida pues… me ausenté del país durante casi ocho años. Canté en ese lapso de tiempo con dos grupos de El Salvador: “Cutumay Camones” y “Los del Oficio”, y tuve la oportunidad de conocer gente con mucho compromiso artístico y político. Cutumay Camones fue uno de los grupos musicales mas importantes que durante la guerra acompañó la lucha del pueblo salvadoreño, Con Cutumay tuve la oportunidad de grabar en la producción “Patria Chiquita Mía” y cantar “La compa Roxana” del grupo campesino y guerrillero “Los Torogoces de Morazán”
Regresé a finales del 94 y la fórmula seguía siendo la misma, combinar mi actividad profesional de sobrevivencia con lo que más me gusta, cantarle a la vida, a las cosas que nos pasan, a la oportunidad de revalorar lo que sentimos, porque vale la pena desaprender muchas cosas. Fueron varios los grupos de los que con entusiasmo fui fundadora o bien me sumé al momento del llamado. Una vez más “Rascaniguas”, luego “Doble Vía”, después “Trovasón”, hasta que en el 2002 después de haberme ausentado por casi dos años pensé que era mejor hacer algo bajo mi nombre, porque todos los esfuerzos de grupo anteriores se habían diluido entre las diferencias y las expectativas de todos los y las que los habíamos conformado.
Me costó mucho tomar la decisión, de alguna forma pensaba que contradecía mi discurso sobre “la colectividad” y dejaba ver un rasgo individualista con el que me podía sentir incómoda, pero fueron varias las personas que supieron decir la frase o el consejo adecuado que me llevó a asumirlo como algo correcto “durará todo lo que mi voluntad determine”, y miren que tengo la voluntad bien “terca”.
En diciembre de 2004 presentamos al público nuestro primer disco compacto, DONDE ANDAR, el mismo reúne buena parte de los temas que habían venido cantando en todos esos años como parte de nuestro repertorio. El disco también fue fruto de la confianza expresada en posibilidad, a través de mi hermana Katia y su empresa cultural, terco Producciones.
De esa fecha para acá la música nos ha mantenido en escenarios diversos, desde pueblecitos desconocidos de nuestro propio país hasta la ciudad de postal, sacada de cuento de hadas, que ni siquiera imaginábamos verdadera, Copenhague en Dinamarca.
Con hermosas alegrías alternamos con gente de mucha trayectoria, Luís Enrique Mejía Godoy y Norma Helena Gadea de Nicaragua, el costarricense Adrián Goizueta y el Grupo Experimental, Alejandro Filio y Panteón Rococó de México, todos estos convocados por el Festival Verdad 2005 en El Salvador. También he conocido personas maravillosas y he alternado espacios con ellas y ellos. Con Guadalupe Urbina de Costa Rica, Valeria Obando de Panamá, Katia Cardenal de Nicaragua, Luís Kú y Leticia Servín de México, Fernanda Martínez de Argentina, Reinier Valdés de Cuba y el honor de haber aperturado el concierto en Honduras de la grandiosa Orquesta centroamericana “La Papaya”. Y en últimas fechas, oportunidades grandiosas, de nuevo en el Festival Verdad en el 2008, junto a Gabino Palomares y María Inés Ochoa de México, también en el Primer Encuentro de Cantautoras de Centroamérica y El Caribe, donde alternamos con Liuba María Hevia de Cuba, Elsa Basil, Klara Grun y Katia Cardenal de Nicaragua y María Pretiz de Costa Rica.
Y de esta profunda tierra, con colegas como Camilo Corea, el “jazzman” de Honduras con quien comparto trabajo desde 2005, con gente muy joven como Pavel Núñez y Pavel Cruz que ahora han conformado el grupo “Café Guancasco”, con “Pez Luna”, “Sol Caracol” a quienes extrañamos tanto en escena, con José Manuel Cerrato, José Inés, Polache, con mujeres extraordinarias como Shirley Paz, Oneyda de América, Saskia, Jireh Wilson, Jackie Espinal, y otros con mayor trayectoria como Nordestal Yeco, Hunty Gabbe, Nelson Pavón, Guillermo Anderson, Moisés Canelo, y tantos nombres entre los que construimos, eso que decíamos de la canción con rostro catracho!!
En Diciembre de 2008 presentamos nuestra segunda producción discográfica, ANTES DEL PUENTE, un disco que contribuirá a construir identidad, a dejarnos sentir, a través de historias, lugares comunes y personajes de nuestro país, el sentido de pertenencia, que pensamos hace la diferencia de cómo concebir tu participación en la construcción de una ciudadanía diferente.
Todo el contenido pertenece a Karla Lara. Karla Lara responde a los intereses de Karla Lara.



